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La Coctelera

PIENSO, LUEGO EXISTO

HIPOCRESÍA NO

24 Abril 2007

Azmi Bishara, diputado árabe en el Knesset

Azmi Bishara es diputado árabe en el Knesset

(Parlamento israelí) desde 1996. Es también el

fundador del partido de izquierda Balad (Alianza

democrática nacional) que preside. Y ahora en el

2007, se le quiere volver a quitar la inmunidad

parlamentaria para así juzgarle nuevamente, tal y

como ya sucedió en el 2002.

Las vicisitudes por las que atraviesa Azmi Bishara,

son la clara muestra de lo que es el estado de

Israel. Estado que por cierto nunca debió de haberse

creado, al menos no como fue creado.

Por otro lado, hay otra constatación que evidencia el error cometido al crearse el

estado de Israel. Y esa constatación no es otra que, en estudios de opinión hechos

recientemente, nada menos que el 60% de los jóvenes judíos de Israel, abogan por

la expulsión de los árabes-israelíes. Sin duda alguna, es un dato que, refleja

claramente el nefasto proceder de los judíos-israelíes.

Azmi Bishara es un conocido diputado israelí, que representa a la minoría árabe de

Israel, frecuentemente ignorada. Lejos de Medio Oriente, referirse al pueblo

palestino es hacerlo a los habitantes de los territorios ocupados o, como mucho, a

los millones de expatriados, repartidos por medio mundo. Una quinta parte de los

ciudadanos israelíes son, sin embargo, de origen palestino, hablan en árabe, oran

en dirección a La Meca, y mantienen lazos familiares en Gaza, Cisjordania y en el

exilio. Tanto Ariel Sharon en su momento, como la mayoría de dirigentes de Israel

de ahora y siempre, desconfían de ellos, al ser considerados como una quinta

columna. El juicio que se celebró el 27 de febrero del 2002, contra su líder Azmi

Bishara en Nazaret demuestra que, tras décadas de desprecio, o cuanto menos

olvidados al ostracismo, les hizo ver la necesidad de que los palestinos-israelíes

han de prescindir de intermediarios, plantar cara al sistema imperante en el estado

de Israel, del cual forman parte por mucho que pese a aquellos que les quisieran

fuera de Israel.

Azmi Bishara es uno de los escasos parlamentarios israelíes no judío. En efecto,

aunque laico confeso, es árabe de nacimiento, cultura y vocación. Nació en

Nazaret, una ciudad de resonancias bíblicas, nacionalidad israelí y mayoría

palestina. Su vida, como la de sus conciudadanos árabes de nacionalidad israelí,

ha sido una continua lucha contra la marginación. Desde muy joven, Bishara

participó en la reclamación de toda una serie de derechos que, en cualquier otro

lugar del mundo, nadie se atrevería a negar.

Quizás por eso, Bishara se terminó exiliando durante algún tiempo. Marchó a

Alemania, a la prestigiosísima Universidad Humboldt, de Berlín y allí, en plenos

núcleo de la guerra fría, y del bloque soviético, obtuvo un doctorado en

filosofía. Su exquisita formación le permitió articular un discurso propio a mitad de

camino entre el viejo nacionalismo árabe de corte nasseriano1 y un posmarxismo

de tintes socialdemócratas. En suma, nada de integrismos y mucho menos

religiosos.

Regresó a su país cargado de nuevos bríos y aspiraciones y fundó un partido

político que, hasta la fecha, sigue presidiendo, la Asamblea Nacional Democrática

(AND). Su carrera fue fulgurante, en las elecciones de 1996 obtuvo un escaño en

la Knesset (parlamento israelí) y en 1999 fue el primer candidato no judío al cargo

de primer ministro, un acto puramente testimonial, reivindicativo. En Israel, sin

embargo, la mayoría judía no le perdonó ni esa afrenta ni el descaro moral con el

que Bishara suele encarar tanto a la prensa como a la clase política del que, guste

o no, sigue siendo su país.

Desde su elección como diputado de la Knesset, Bishara ha tratado de convertirse

en algo más que la voz de los palestinos de nacionalidad israelí, ha pretendido ser

un punto de referencia y apoyo para los desposeídos. No sólo ha justificado la

rebelión de los palestinos frente a la violencia cotidiana que dentro y fuera de

Israel padece su pueblo, sino que, además, ha batallado por la reunificación

familiar de personas que como consecuencia del conflicto llevan más de 50 años

separadas de sus seres queridos. Por eso, desde hace un lustro, Bishara viene

organizando excursiones de palestinos de nacionalidad israelí a campos de

refugiados de la vecina Siria.

Hasta entonces, el gobierno de Jerusalén había hecho de la vista gorda. Con

Sharon en el poder, sin embargo, las cosas cambiaron, y el 7 de septiembre del

2001, Elyakim Rubinstein, el procurador general israelí y asesor jurídico del primer

ministro, presentó un suplicatorio ante la Knesset en el que pedía a los diputados

que suspendieran la inmunidad parlamentaria de Azmi Bishara para emprender dos

juicios en su contra: uno por instigación a la violencia (como consecuencia de la

ya citada justificación de la rebeldía palestina) y otro por violación de la llamada

Ley de prevención del terror (a raíz de los reagrupamientos familiares que Bishara

organizaba entre palestinos en Siria).

El parlamento israelí, obviamente, accedió gustoso a los deseos de Rubinstein y

la maquinaria judicial se puso en marcha. Era la primera vez en la historia de Israel

que la Knesset se ha plegado a algo semejante. Desde entonces, una ola de

solidaridad internacional se ha puesto en marcha, y se crearon comités de apoyo

a Bishara para presionar a sus propios gobiernos, o directamente a Tel Aviv, para

que pusiera fin a lo que, a la luz de muchas opiniones, constituye un

enjuiciamiento irregular que podía dar lugar a la existencia del primer preso de

conciencia israelí.

Desde Tel Aviv, sin embargo, se hicieron oídos sordos. Y el 27 de febrero del

2002, comenzó, en la ciudad de Nazaret, uno de los dos juicios previstos contra

Azmi Bishara y dos de sus asesores parlamentarios. A los encausados se les

imputó la violación de uno de los apartados de la Ley de prevención del terror,

que data de 1948 y establece la prohibición para todo ciudadano israelí de viajar a

una serie de países, entre los que se encuentran los vecinos Egipto, Jordania y

Siria que, se consideran enemigos de Israel.

La defensa de Bishara se empleó a fondo, en primer lugar argumentó que, debido

a que la mencionada Ley de prevención del terror prevé explícitamente que no

puede ser aplicada a aquellos ciudadanos israelíes en posesión de un pasaporte

de servicio (y los acusados lo tenían debido a su labor parlamentaria), el

levantamiento de su inmunidad en general y su enjuiciamiento en particular,

debían ser considerados ilegales. Por si eso fuera poco, siempre según la

defensa, aún en el caso de que el tribunal no aceptara dicho argumento, había

una circunstancia incontestable, los ciudadanos israelíes viajan frecuentemente

a países enemigos, y ningún tribunal les encausa por eso. Si además se tiene en

cuenta que los viajes de Bishara se realizaron por motivos humanitarios se podrá

constatar que se trataba, antes que de nada, de un juicio político.

Y ahora, en el 2007, de nuevo se pretende desposeer de la inmunidad

parlamentaria al diputado Bishara, y así volverle a encausar en un proceso

judicial, con el pretexto, de que recientemente se ha desplazado a Siria y Líbano,

donde mantuvo contactos con dirigentes sirios y miembros de Hesbola

respectivamente, con la finalidad de analizar la situación del proceso de paz. No

obstante, se considera que el verdadero motivo, por el cual se le quiere desposeer

de la inmunidad parlamentaria, y ser enjuiciado, es por sus reiteradas referencias

a que en Israel no se goza de un sistema verdaderamente democrático, así como

por el hecho de abogar por un estado laico, desvinculándolo de las religiones, lo

cual por consiguientes, supondría tener a la religión judía simplemente como lo

que es, una religión sin más. La cual cosa, se ve como un ataque directo a los

fundamentos del estado de Israel.

Al parecer, en estos momentos, y a la espera de acontecimientos, el diputado

israelí Azmi Bishara, permanecería en paradero desconocido, no descartando el

que se volviese a exiliar, si le vuelven a desposeer de la inmunidad parlamentaria

para juzgarle de nuevo.

El riesgo del efecto búmerang al que se enfrenta el gobierno israelí en este caso

es muy alto. Quizás un elemento que puede explicar la tozudez de Tel Aviv en el

asunto Bishara es que, más allá de su figura, está ante una minoría de riesgo. Los

palestinos de nacionalidad israelí constituyen una quinta parte de la población

total del Estado de Israel. Por si eso fuera poco, su importancia demográfica va

en aumento, se calcula que hacia 2015 llegarán a equipararse a la población de

los territorios ocupados y que hacia mediados de siglo llegarán a ser ni más ni

menos que la mitad del propio Israel. Como es obvio, esa perspectiva le aterroriza

a un Estado que sigue manejando una concepción étnico-religiosa de la

ciudadanía. No es casual, por consiguiente, que los pacíficos palestinos de

nacionalidad israelí estén sometidos a un estado de sitio permanente que, al

menos desde 1967, es justificado jurídicamente debido al mantenimiento de una

administración militar por supuestos motivos de seguridad.

En la actualmente, prácticamente el único derecho con el que cuentan es con el

del voto. Todo lo demás es irrisorio. Existen comunidades enteras que,

literalmente, ni aparecen en el mapa. Pueblos que, por demás, suelen ser más

antiguos y grandes que las colonias israelíes que, en una estrategia premeditada

de presión, fueron fundadas a lo largo de las últimas décadas alrededor de los

mismos. Pueblos que, pese a ser parte integrante de Israel, no reciben ni un solo

dólar del Estado. Pueblos que, como consecuencia de ello, carecen de los mínimos

servicios públicos y sociales como el asfaltado, el alcantarillado, el alumbrado, la

electrificación, la gasificación, la escolarización y la hospitalización. Pueblos que,

en definitiva, se han convertido en villas de miseria que constantemente

proporcionan a los judíos de Israel mano de obra barata.

Hace algunos meses, en un artículo, Azmi Bishara comparaba el ominoso

Apartheid sudafricano con el que, de facto, le está tocando padecer a su

pueblo. Enumeraba, para empezar, algunas de las características del sistema de

segregación racial que se vivió en Sudáfrica entre 1948 y 1989 (como la existencia

de un proyecto colonial separado del colonialismo inicial, la asunción del pueblo

colonial como superior a la población local preexistente, la articulación de un

sistema legal basado en la segregación racial, el control de los medios de

producción por parte de la raza superior, o la justificación política y religiosa, por

parte de las elites, de la situación creada), y llegaba a la conclusión de que

prácticamente todas ellas se dan en el Israel contemporáneo.

Se trata de un Estado en el que la violencia suele adoptar una forma represiva y,

por consiguiente, ser ejercida por parte los aparatos policiales y militares israelíes

contra sus propios compatriotas. De hecho, cuando se habla de violencia, suele

olvidarse con sospechosa frecuencia que la minoría árabe de Israel no sólo se

encuentra lejos de ejercerla, sino que, además, suele mostrarse propicia a apoyar

cualquier atisbo de solución negociada al conflicto de Medio Oriente. Si, contra

lo que suele ser habitual, en las elecciones israelíes, los palestinos se abstienen

masivamente de votar es porque en estos momentos no existe, por parte de la

mayoría judía, una voluntad real de poner fin a un conflicto que dura demasiado

tiempo. El baño de sangre y la incursión israelí en Ramallah y la franja de Gaza una

y otra vez, son evidentes y amarga prueba de ello.

servido por josep_pepus 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

argentino agustin gomez

argentino agustin gomez dijo

Estensa nota y para mi, reiterativa, sinteticamente, yo apoyo a los is-

rraelitas, religiosos o no, por que no hacen otra cosa que defenderse

como lo harìa y hace cualquier paìs atacado, y esto lamentablemente se

remonta a 2.000 años, nada màs, me pregunto: los palestinos quieren la

paz ?, siempre estuvo y està al alcance, sòlo que no hay que sabotearla,

no soy judìo, leo mucho, tambièn la Shoa y el holocausto, ver el porcen-

taje de premios NOBEL de unos y otros, solamente es un indicio, un abra

zo, atte.-

25 Abril 2007 | 04:19 PM

argentino agustin gomez

argentino agustin gomez dijo

Respecto del lugar de asentamiento, es muy conveniente leer "la Tora",

ademàs donde hay un estado àrabe o palestino con participacion ciudadana

lno digo democràtico, leer a ORLANA FALLACCI ya fallecida, no sòlo es nece

sario, sino màs que suficiente, hay tambièn quien niega el èxodo, en fin,

de lo que se trata es de ser ecuànime y objetivo, sino de esta no salimos

màs, un abrazo, atte.-

25 Abril 2007 | 11:10 PM

Fernando

Fernando dijo

Hola

La verdad es que he caido aquí buscando en google información del poítico Azmi Bishara. He de decir que me ha parecido francamente bueno el artículo publicado pero me han sorprendido los comentarios; me explico: no me sorprende que se apoye al judaismo, al igual que a cualquier otra religión, aún siendo agnostico, respeto profundamente a la gente creyente y a la no creyente. Ahora bien, lo que no es respetable bajo ningún concepto es el racismo, es la violación de los derechos humanos, es la manipulación de la verdad, es el apartheid que en mi opinión comete el estado de Israel día tras día desde que se dio el visto bueno a la creación de dicho estado con el beneplacito Inglés y Francés principalmente.
Pienso que todas las mencionadas ocasiones de lograr una paz han sido injustas para los palestinos, sobre todo porque cada día que pasa Israel avanza en sus planes de judeizar a Jerusalen por ejemplo, en la construcción de asentamientos ilegales en Cisjordania, en la construción del muro que también está declarado ilegal por el tribunal de la Haya...
Realmente no sé de donde sacan tanta esperanza los palestinos, tanta fuerza para luchar por sus derechos que tantas veces la comunidad internacional ha vilipendiado. Me asombro y admiro ante ellos, que conste.

2 Diciembre 2008 | 03:48 PM

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